Translate

domingo, 14 de junio de 2009

Cristiano Ronaldo, Jacques Diouf y Jeff Lawrence

 ¿Quién puede imaginarse hoy día que la revolución burguesa inauguró su andadura histórica bajo la bandera de la razón?






El lector se preguntará que tendrán que ver estas tres personalidades entre sí. Pues mucho: el primero representa la riqueza extrema y la irracionalidad económica, el segundo la pobreza, y el tercero la demanda de racionalidad económica. Si atendemos al valor mediático, podremos afirmar que si bien a Cristiano Ronaldo lo conoce la mayoría de los españoles, al segundo sólo lo conoce una minoría,  y que el tercero es prácticamente desconocido. Lo peor de todo esto es que los medios de comunicación de masas se presentan como representantes y garantes de la libertad de pensamiento. Pero su papel es otro: alienar y adormecer.



Empecemos con Cristiano Ronaldo. Ha sido comprado al Manchester United por el Real Madrid por un monto total de 96 millones de euros. Pero la cosa no queda ahí: Cristiano Ronaldo percibirá 13 millones de euros por temporada. Algunos “analistas” se preguntan de dónde saca Florentino Pérez, el presidente del Real Madrid,  tanto dinero. Pero deben estar despistados e ignorar que vivimos bajo el imperio del sistema de crédito: Caja Madrid y el Santander le han prestado al Real Madrid 150 millones de euros. ¿Se deben permitir estas cosas? ¿Se debe permitir que los ahorros sociales se empleen en esta clase de empresas? Pues no. Todos deberíamos gritar que no. Los ahorros sociales no deben ser empleado para tales fines.

La gente debe saber que todos pertenecemos a un sistema social. Y que las cosas son posibles no por las habilidades e inteligencia de un solo individuo, sino porque el sistema genera la posibilidad de que eso ocurra. Sólo con elaborar una ley donde se indique que en periodos de crisis los ahorros sociales sólo pueden ser empleados en actividades que generen empleo masivo y cubran las necesidades básicas, esos fichajes no serían posibles.

Hay otros futbolistas, como Iker Casillas, que consideran razonable y lógico lo que se ha pagado por Cristiano Ronaldo. El argumento es que Cristiano Ronaldo tiene un inmenso valor mediático que permitirá al Real Madrid ganar mucho dinero. Hay que estar ciego y enajenado por la propiedad privada para no ver que el importe pagado por el fichaje de Cristiano Ronaldo es una monstruosidad y una irracionalidad. ¿Es que Iker Casillas no sabe cuál es el salario base en este país y lo que ganan los pensionistas? Es posible que lo sepa, pero no determina su conciencia. Los medios de comunicación de masas son poderosos medios sociales. Son ellos los que les otorgan valor mediático a las cosas y a las personas. Si los medios de comunicación sociales estuvieran en manos públicas, sería el interés social el que predominaría sobre el interés privado. Y Cristiano Ronaldo tendría el valor mediático que en razón debería tener, un valor poco relevante. Iker Casillas sólo es capaz de concebir el mundo del deporte bajo la forma mercantil y bajo la forma de un negocio. Y su opinión y valoración es fruto de esa enajenación.

Vivimos en una sociedad alienada. Las relaciones económicas entre las personas se presentan como relaciones mediadas por las cosas. Y el fichaje de Ronaldo es una expresión de esa cosificación. Es obvio que aquí el dinero domina las relaciones entre los hombres. Y se conserva la idea capitalista de que el dinero no tiene dueño y debe haber libertad para que pase de unas manos a otras. Pero no es así: el dinero que está en los bancos es el ahorro de la sociedad. Y su uso y destino debe estar controlado por la sociedad. Los hombres y las mujeres deben dominar sus relaciones económicas y los productos sociales de esas relaciones económicas. Y el dinero y el sistema de crédito son dos de esos productos sociales.

A Rodríguez Zapatero no le satisface lo que se ha pagado por ese fichaje. Pero argumenta que si a los estadios no fueran tantas personas como van, eso no hubiese sido posible. Pero la clave no está ahí, la clave está en el precio de las entradas. Esos precios deben estar regulados e intervenidos por el Estado. Debe saberse que todos los clubes de fútbol son monopolios. El aficionado al fútbol lo es de un determinado club. En el deporte no valen los lemas del libre mercado. No es una cuestión de elección. El aficionado de un determinado club lo es para siempre. Es más todo club representa a una determinada ciudad o pueblo. Así que todos los clubes de fútbol tienen naturaleza social y deben, por tanto, estar al servicio de los intereses sociales. Y no como sucede ahora, que está al servicio de unos pocos. La riqueza generada por el fútbol y que tanto asombra, no la genera el futbolista sino las grandes masas sociales. Lo que aporta el futbolista es insignificante frente a lo que aporta la sociedad. Pero en este mundo enajenado las cosas aparecen invertidas como aparece invertido nuestro cuerpo reflejado en un espejo.



Hablemos ahora de Jacques Diouf, secretario general de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), quien nos ha informado recientemente que 1.020 millones de personas pasan hambre a diario. Y nos ha proporcionado un dato más: la crisis económica provocó que durante el año pasado 100 millones de personas ingresaran en la categoría de hambrientos. De esta noticia los medios de comunicación occidentales apenas se hacen eco. Y sin duda que bajo el punto de vista de los derechos humanos es una noticia infinitamente más importante que el fichaje de Cristiano Ronaldo. Sin embargo, las sociedades occidentales se siguen presentando como sociedades que velan por el cumplimiento de los derechos humanos y como sociedades cristianas. Toda una mentira. Son sociedades alienadas por el poder del dinero. Aman al becerro de oro, no a la humanidad.

Esas 1.020 millones de personas pasan hambre por dos razones: una inmediata, por el enorme robo que cometieron los altos ejecutivos de las grandes empresas del mundo con sus artificios financieros, sus sueldos y sus gratificaciones; y otra eterna, porque el capital es incapaz de crear los puestos de trabajo necesarios. Y no es capaz porque la riqueza se acumula en exceso en pocas manos. La burguesía reformista y humanista suele hablar de la necesidad de una mejor distribución de la riqueza, pero esto jamás será posible si no hay una distribución distinta de los medios de producción, si la propiedad publica no domina sobre la propiedad privada.



Hablemos ahora de Jeff Lawrence, uno de los principales líderes de la federación sindical nacional de Australia, quien ha hablado de la necesidad de establecer un salario máximo. Esta consigna debería ser defendida por todos los sindicatos y todos los partidos de la izquierda radical. Este líder ha instado al gobierno federal de Australia a que el salario de los altos ejecutivos no supere en diez veces el salario medio. En la actualidad el sueldo de los altos ejecutivos de las grandes empresas de EEUU es 344 veces superior al salario medio. Estos sueldos representan una de las grandes irracionalidades del sistema económico actual y una forma absolutamente abierta de apropiación de trabajo ajeno.

El que se hable de un salario máximo ya es un gran paso en el camino hacia el socialismo. Si se diera este paso, el siguiente sería establecer un tope máximo al enriquecimiento personal.  No se piense que esto es una demanda que sólo aparece en la conciencia del militante de la izquierda radical. En referencia al contrato de Ronaldo un empresario me dijo: yo lo permitiría, pero después debería actuar Hacienda y quedarse con el 80 por ciento del precio contratado.



El contrato de compra de Ronaldo y su salario anual es la expresión de la irracionalidad  de la economía capitalista y de la explotación de unos pocos sobre los muchos, de la apropiación privada de los frutos sociales. El caso Jacques Diouf, su anuncio de los 1.020 millones de hambrientos, es la expresión del mal generado por la propiedad privada y de la incapacidad del capital para dar trabajo a quienes viven bajo el azote de la pobreza.  Y el caso de Jeff Lawrence, con su propuesta de establecer un salario máximo, es la expresión de la racionalidad económica, uno de los primeros pasos hacia el socialismo, y una de las primeras soluciones de los graves problemas generados por los dos extremos de la economía: la extrema riqueza y la extrema pobreza.

21 de junio de 2009.








No hay comentarios:

Publicar un comentario