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martes, 8 de noviembre de 2011

La lucha entre los signos y los objetos (6)

Lo importante en un foro es que se debata. También es importante que entren en juego concepciones diferentes para que las ideas adquieran desarrollo. Y añado algo que considero también decisivo: que cada cual haga caso a su conciencia y diga lo que piensa sin temores.



Tengo que comunicar un dato importante en mi formación económica. No me alimento solo de Marx,  me alimento de todos los clásicos de la economía y de los representantes más excelsos de la economía convencional: Samuelson, Nordhaus, Stiglitz y Krugman, entre otros. Todos estos autores que he mencionado son estadounidenses y premios nobel de economía. En razón no me parece apropiado que digan, primero, que estoy anclado en un marxismo nostálgico, y segundo, que mis afirmaciones están especialmente teñidas de ideología. Todas las posiciones lo están. (Espero que esto que he dicho no se lo tome a mal Juan De Orellana, a quien agradezco su buen talante)



Hay otro aspecto importante a la hora de analizar los fenómenos sociales que yo no comparto con muchos intelectuales, y entre ellos un buen sector de los teóricos marxistas. No considero que las grandes masas sociales, los consumidores, sean estúpidas y estén siendo manipuladas. El desprecio a las masas sociales fue propio de Nietzsche, de muchos líderes marxistas y de muchos intelectuales encumbrados. La gente no es tonta y le gente compra lo que quiere.



La gente no compra por la marca. Hay gente que sí lo hace, pero no la mayoría. Las buenas marcas son buenas porque los  productos que representan son buenos. Ya lo dije en otro mensaje: es importante el modo en que es satisfecha una necesidad. Y no se trata de ponerse encima cualquier clase de prenda que a uno le abrigue; si se tiene dinero, todo el mundo quiere comprar lo mejor. Pensar que la gente compra por los valores sígnicos del producto y no por la correlación calidad-precio es pensar que la gente es tonta. Es una posición que tiene por base el desprecio a las grandes masas sociales. Y yo no puedo compartir esa posición política.



No me parece acertado que se diga que si una persona se compra un Mercedes Benz lo hace por status. No señor: lo hace porque es un gran automóvil. Que un sector lo haga por status, puedo aceptarlo. Pero así y todo eso no quita que el Mercedes Benz sea una gran máquina que todos los trabajadores les gustaría tener, y que la aspiración a tenerlo no debe ser presentado como fruto del dominio del ser social burgués. La riqueza es obra del trabajo y por lo tanto la aspiración de cualquier trabajador a tener lo mejor es una aspiración legítima. Lo que si me parece una concepción atrasada es aquella que defiende que el socialismo debe ser un socialismo asceta y pobre. Yo defiendo un socialismo rico y pletórico.



En su penúltimo mensaje Antonio Caro se expresa en los siguientes términos: “Y ello es lo que permite hablar de semiocapitalismo frente al capitalismo mercantil o productivista analizado por Marx y característico del siglo XIX; semiocapitalismo este cuyo rasgo distintivo es que la producción semiótica se ha impuesto en su seno frente a la producción material como núcleo del proceso productivo”. Creo que esta afirmación necesita de pruebas. Si leemos las publicaciones sobre las 100 empresas más importantes de España por el importe facturado, en ellas no encontraremos ninguna agencia de publicidad y de marketing. Si fuera cierto lo que afirma Antonio Caro, que la producción semiótica se ha impuesto a la producción material, eso se demostraría en los costos de producción, en concreto en la partida de marketing y publicidad. Pero que yo sepa, eso no es así. Leo habitualmente muchos informes contables, en especial la cuenta de pérdidas y ganancias de empresas importantes, y no veo que esa partida ocupe un papel notable en la partida de costos. Hay más: No conozco ningún tratado de economía convencional –léanse  los tratados de Samuelson y de Krugman –donde la producción semiótica sea ni tan siquiera uno de los capítulos de dichos tratados. Por último –y llevo toda mi vida trabajando en una empresa de alimentación –no conozco a ningún gestor ni empresario que comparta la afirmación de que la producción semiótica se haya impuesto sobre la producción material.



Más adelante, en el mismo mensaje, Antonio Caro hace esta otra afirmación: “Presuponer en la actualidad que son los valores materiales lo que determinan la producción, en cuanto modo de manifestar la fidelidad a un marxismo claramente desfasado, constituye un modo de asumir la engañifa a través de la cual el actual capitalismo ejerce la citada sustitución de la producción material por la producción semiótica”.  Y en su último mensaje Antonio Caro insiste en su posición y dice lo siguiente: “Simplemente me sitúo en la línea de una serie de autores que consideramos que el capitalismo actual no puede ser analizado según los términos tradicionales de Marx –valor de uso, valor de cambio, valor trabajo –sencillamente porque la producción semiótica ha desplazado a la producción material como núcleo del capitalismo hoy vigente”.



Creo que lo mejor para examinar si lo dicho por Antonio Caro es cierto o no es recurrir a la práctica. Pensemos en el mercado de los alimentos. Todos los que estamos en este foro vamos al mercado y compramos los alimentos que necesitamos y por ellos pagamos un precio. En tanto los alimentos satisfacen necesidades humanas son catalogados como valores de uso, y en cuanto tienen un precio son catalogados como valores de cambio: el frutero, por ejemplo, nos entrega 2 kilos de naranjas y nosotros le entregamos 5 euros. 5 euros es el valor de cambio de 2 kilos de naranjas. Esto es un fenómeno universal que ocurre todos los días y en mil lugares de cada país. Luego, de acuerdo con la práctica de todo el mundo, los conceptos de valor de uso y de valor de cambio siguen desempeñando su papel como en el siglo XIX y no han quedado desfasados.



Una última cuestión. Marx dice que la mercancía es un objeto doble: valor de uso y valor. De los valores de uso dice que constituyen el contenido material de la riqueza, y de los valores dice que constituyen la sustancia social de la riqueza. Así que eso que dice Antonio Caro de que los marxistas hablan de “que son los valores materiales los que determinan la producción” es una expresión equívoca y no pertenece al discurso económico marxista.
































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